martes, 9 de noviembre de 2010

Nueva evangelización

Reconozco que soy juez y parte en lo que se refiere al tema que ocupa el comentario de hoy. Ello no me impide acercarme a una objetividad que no puede ser rebatida por parte de quienes diga lo que diga el papa o cualquier miembro de la iglesia siempre se muestran contrarios y muy a menudo además en modo agresivo y carente de inteligencia, conocimiento y educación.

Durante el vuelo hacia Santiago de Compostela, Benedicto XVI realizó una serie de declaraciones ante la prensa acreditada que le acompañaba en el avión. Práctica habitual de él y de Juan Pablo II en la mayor parte de los viajes que se realizan al extranjero.

Una de las preguntas se refería al nuevo dicasterio creado recientemente y que se llama oficialmente "Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización" (por cierto, se trata de un ente de no poca importancia en el organigrama vaticano, no se crean organismos de este tipo cada quince días, el último se instituyó en 1985...). Pues bien, como explica el motu proprio por el que se constituye, "el Consejo persigue su propia finalidad tanto estimulando la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización, como individuando y promoviendo las formas y los instrumentos adecuados para realizarla" y su cometido se centrará principalmente "en enteros países en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, [y que] están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del secularismo y del ateísmo", aquí se cita expresamente la Exhortación postsinodal Christifideles Laici n. 34.

De todos es sabido que España forma parte de ese grupo de naciones, al igual que Francia, Reino Unido y tantos otros países de la llamada vieja Europa. A nadie extraña por tanto que dirigiéndose en viaje a España hiciera referencia a los problemas que existen entre fe y modernidad, fe y secularismo.

Hasta aquí podemos estar de acuerdo todos, nos interese el tema en mayor o menor medida. El problema surge cuando el papa se detiene en el caso particular de España.

Tras haber descrito la importancia que tuvo el catolicismo español en los inicios de la edad moderna habló de los problemas surgidos en la época más reciente de nuestra historia. Si se atiende bien a las palabras que realmente pronunció el papa se constata que no dijo que la situación actual sea idéntica a la de los años treinta, sino que al igual que en aquella época, también en la actualidad se produce un fuerte desencuentro, un choque, entre fe y modernidad, entre fe y laicismo.

¿Y nos quieren decir los progres que esto no es verdad? Es cierto que no se queman iglesias (como en tiempos de aquella idílica república), pero no será por ganas (este fin de semana causalmente se prohibió la celebración del culto público en una basílica española, eso sí, maldita porque la construyó Franco; por cierto, estoy esperando a que añadan a la ley de memoria histórica una cláusula que ordene no sólo la destrucción de signos y símbolos franquistas, sino también la de pantanos, autopistas, túneles, aeropuertos y toda clase de infraestructuras que se construyeron entre 1939 y 1975; a ver si hay huevos). Pues bien, no se queman iglesias, pero ay de aquel que ose contradecir el pensamiento único y sacrosanto de la bendita laicidad. Quien se manifieste contra alguna de las leyes que atentan contra alguno de los principios teológicos y no digamos morales de la iglesia católica, queda marcado como anacrónico y enemigo de la modernidad y de los derechos fundamentales, cuando no como antisocial y fascista. Ellos se apropian sin rubor de terminología trasnochada que les sirve para minar las bases religiosas de la sociedad (i.e. matrimonio), pero no les gusta que nadie les haga ver las contradicciones en las que caen, aunque sean meramente etimológicas. Defienden la dignidad y la igualdad de todos los ciudadanos, pero sólo de aquellos que votan, pues proponen leyes que hacen peligrar la vida humana en sus estadios más débiles e indefensos (i.e. aborto y en manera más o menos encubierta también eutanasia).

La dictadura actual es por tanto la de ese pensamiento único, que considera a sus críticos ciudadanos de segunda, cuya opinión carece de valor y por tanto de ser tenida en cuenta. Pero claro, sólo cuando conviene al Estado, porque no se les ocurrirá nunca cerrar los innumerables centros de atención a los más pobres (léase Caritas) o los conciertos con escuelas, hospitales y otros organismos de utilidad pública que sostiene la iglesia. La iglesia les sirve para tapar las vergüenzas del sistema de bienestar (que está llegando a su fin) pero incluso en este caso se niegan a reconocerlo públicamente.

Por tanto, para ir terminando, bienvenidas sean estas palabras del papa y este nuevo dicasterio, que intentan ofrecer pistas de acción para que la fe encuentre los caminos más adecuados con el fin de seguir proponiendo al mundo actual un modo de vida honesto y justo, centrado en valores que no se amolden a las circunstancias cambiantes y caprichosas, siempre interesadas, de la política o de la economía de turno.

Pero ojo, no descuidemos otro aspecto: la culpa no es sólo de la sociedad materialista y laica, también y en no poca medida, de ciertos sectores de la iglesia, jerárquicos y "de base", que no son coherentes con lo que dicen representar y para hacerse los modernos le ríen las gracias a quienes no dudarán en machacarlos en cuanto haya la más mínima oportunidad.

Apliquémonos por tanto el cuento todos y pongámonos manos a la obra para realizar lo que dice el papa, a quien tantos admiramos: fomentar el encuentro y el entendimiento entre la fe y la modernidad, dando a cada una de ellas el lugar y el valor que les corresponde.

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A continuación el texto original íntegro de las palabras del papa y la traducción de la polémica frase:

In questi mesi si sta avviando il nuovo Dicastero per la "nuova evangelizzazione". E molti si sono domandati se proprio la Spagna, con gli sviluppi della secolarizzazione e della diminuzione rapida della pratica religiosa, sia uno dei Paesi a cui Lei ha pensato come obiettivo per questo nuovo Dicastero, o addirittura se non ne sia l'obiettivo principale. Questa è la nostra domanda.

Con questo Dicastero ho pensato di per sé al mondo intero perché la novità del pensiero, la difficoltà di pensare nei concetti della Scrittura, della teologia, è universale, ma c'è naturalmente un centro e questo è il mondo occidentale con il suo secolarismo, la sua laicità, e la continuità della fede che deve cercare di rinnovarsi per essere fede oggi e per rispondere alla sfida della laicità. Nell'Occidente tutti i grandi Paesi hanno il loro proprio modo di vivere questo problema:  abbiamo avuto ad esempio i viaggi in Francia, nella Repubblica Ceca, nel Regno Unito, dove dappertutto è presente in modo specifico per ciascuna nazione, per ciascuna storia, lo stesso problema, e questo vale anche in modo forte per la Spagna. La Spagna è stata, da sempre, un Paese "originario" della fede; pensiamo che la rinascita del cattolicesimo nell'epoca moderna avviene soprattutto grazie alla Spagna; figure come sant'Ignazio di Loyola, santa Teresa d'Avila e san Giovanni d'Avila, sono figure che hanno realmente rinnovato il cattolicesimo, hanno formato la fisionomia del cattolicesimo moderno. Ma è ugualmente vero che in Spagna è nata anche una laicità, un anticlericalismo, un secolarismo forte e aggressivo, come abbiamo visto proprio negli anni Trenta, e questa disputa, più questo scontro tra fede e modernità, ambedue molto vivaci, si realizza anche oggi di nuovo in Spagna:  perciò per il futuro della fede e dell'incontro - non lo scontro, ma l'incontro tra fede e laicità - ha un punto centrale anche proprio nella cultura spagnola. (Pero es igualmente verdadero que en España ha nacido también un laicismo, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo, como hemos visto incluso en los años treinta, y esta disputa, es más, este choque entre fe y modernidad, ambas muy vivaces, se manifiesta también hoy de nuevo en España: por tanto para el futuro de la fe y del encuentro - no el choque, sino el encuentro entre fe y laicismo - tiene un punto central [el nuevo dicasterio para la nueva evangelización] también en la cultura española). In questo senso, ho pensato a tutti i grandi Paesi dell'Occidente, ma soprattutto anche alla Spagna.